Discriminación y la perspectiva de género.



La perspectiva de género hace referencia a las relaciones de poder que se dan entre hombres y mujeres y reconoce el hecho de que generalmente éstas han sido favorables a los hombres, así como la discriminación y el trato desigual que han sufrido las mujeres.


En definitiva, se basa en reconocer esa desigualdad de trato y oportunidades para precisamente acabar con ella.


Esta perspectiva nos puede ayudar a entender la discriminación que han sufrido las mujeres a lo largo de la historia y que siguen sufriendo. Pensamos que, a pesar de la infinidad de discursos, charlas, campañas de sensibilización, etc., siguen existiendo diferencias de poder y de oportunidades entre nuestras chicas y chicos.
Del mismo modo, esta perspectiva nos puede ayudar a entender mejor la discriminación y violencia que sufren algunas chicas y chicos por su orientación sexual e identidad de género. En otras palabras, pensamos que la discriminación que han sufrido las mujeres es muy similar a la que viven las chicas y chicos gays, lesbianas y trans.
Desde este enfoque, el sexo hace referencia a las diferencias biológicas entre mujeres y hombres, mientras que el género se refiere a las diferencias psicológicas y sociales que existen entre los dos sexos. El género habla de lo que en un momento concreto y en una determinada sociedad se considera ser hombre y ser mujer, o lo que es masculino o femenino. Algo que no es estático y que cambia en función del momento histórico y también de la sociedad concreta (lo que es considerado “femenino” en una sociedad y en un momento histórico puede ser considerado “masculino” en otra sociedad u otra época). Va sufriendo transformaciones, por tanto, es posible que para las chicas y chicos jóvenes de nuestra sociedad no sea exactamente igual lo que consideran femenino o masculino que lo que considera la sociedad adulta.


Por nuestra parte, es conveniente conocer esos nuevos modelos que están surgiendo y que son los que las chicas y chicos viven en el día a día. Es importante también que, a su vez, seamos capaces de ayudar a las chicas y chicos a cuestionarlos, reflexionando sobre las sentencias respecto a “lo que es de hombres” y “lo que es de mujeres”, para apoyarlos en la construcción de modelos más plurales, donde quepa todo el mundo.


La sociedad no sólo nos indica cómo tienen que ser las mujeres y los hombres, lo que se espera de ellos y lo que se espera de ellas, sino que también nos marca el tipo de relación que deben mantener entre sí. Estas relaciones han sido históricamente asimétricas, asignado diferentes posiciones de poder e, incluso, diferente valor. De alguna manera, “lo femenino” ha sido considerado inferior o menos valioso que “lo masculino”.
Las personas con orientaciones sexuales e identidades de género menos comunes han sido víctimas también de este tipo de relaciones asimétricas que hacen, por ejemplo, que se haya considerado “menos hombre”, o “menos masculino”, a un chico homosexual, asignándole de alguna forma un valor inferior al de “un chico más masculino” (un chico heterosexual y que encaja con el rol asignado al varón).
Y lo que es más grave, esto puede provocar que el propio chico que descubre su homosexualidad se sienta también “menos hombre” por no adaptarse a esas expectativas. Algo similar le sucede a una chica lesbiana que descubre su orientación sexual y que se plantea en qué medida encaja con los estándares sociales de “feminidad” y con lo que se espera de ella como mujer.


En el caso de las chicas trans, esto se manifiesta de forma aún más clara, ya que se trata de chicas en las que su apariencia externa (considerada “masculina”) no concuerda con sus comportamientos e identidad de género (femeninos). La sociedad no las acaba de ver como “verdaderos” hombres y, en ocasiones, a pesar de sus esfuerzos por “ser mujeres a ojos de los demás”, tampoco como “verdaderas” mujeres. Algo similar, evidentemente, sucede con los chicos trans.


En este sentido, el mensaje que en multitud de ocasiones reciben, y que la sociedad transmite a las chicas y chicos, es el de que “ser hombre o mujer” es “ser heterosexual” y que hay que encajar en unos determinados modelos de feminidad y masculinidad. Estos modelos frecuentemente son rígidos e irreales, y no representan la enorme diversidad de formas que existen para ser hombre y mujer. Además, otorgan un valor mayor o menor a las distintas personas en función del sexo, de la orientación sexual, o de la identidad de género.


Muchas veces, quizás sin darnos cuenta, tenemos unas expectativas respecto a las chicas y los chicos que encorsetan y limitan su manera de expresarse. Es necesario tomar conciencia de esto para que seamos capaces de valorar qué tipo de mensajes estamos mandando.


También hay que mencionar que se están produciendo ciertos avances. Pensamos que poco a poco se está aceptando una mayor diversidad y flexibilidad en lo relativo a las formas de ser mujer u hombre. Es posible que esto pueda explicar también la cada vez mayor visibilidad de las personas homosexuales y, aunque en menor medida, también la de las personas trans.


Hemos de ser capaces de poner en tela de juicio las expectativas que tenemos respecto a lo que supone ser hombre y mujer, asumiendo que existen tantas formas como chicas y chicos, y probablemente les podremos ofrecer modelos más flexibles que les permitan aprender a conocerse, aceptarse y expresarse como personas “únicas e irrepetibles”, dándoles más oportunidades para tener una vida feliz y plena.
Cuestionar el ideal de masculinidad/feminidad tradicional se convierte, en nuestra opinión, en una forma de prevenir la violencia de género y la violencia por orientación sexual e identidad de género. A medida que la posición entre hombres y mujeres comienza a ser menos jerárquica, lo que se les supone a unos y a otros está empezando a cambiar, de modo que lo que se considera femenino y masculino empieza a ser algo más flexible.


Desde las familias, tenemos el deber de contribuir a esta flexibilidad y ser conscientes de que tanto hombres como mujeres compartimos infinidad de características que no son exclusivas de uno de los sexos, sino que son características que se pueden dar en mayor o en menor medida en hombres y mujeres (aunque algunas de ellas suelan ser más frecuentes en unos que en otros).


Hoy en día las relaciones entre hombres y mujeres empiezan a ser más igualitarias en lo relativo a los comportamientos, formas de vida e identidades. Aunque en ningún caso estamos diciendo que la situación sea la ideal, ya que queda aún mucho camino por recorrer para que podamos empezar a hablar de igualdad de valor.


Revisión bibliográfica realizada por:
Psic. Paula Cueva
Psicóloga Clínica
Escrito extraído de:
Fuente: Azqueta I.,. (2014). Educar en la diversidad afectivo-sexual desde la familia, Cómo educar a favor de la igualdad de valor y contra la violencia por motivos de orientación sexual e identidad de género. Madrid: CEAPA


Escrito por: Psic. Paula Cueva

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