Acoso escolar: El aislamiento y el rechazo


Desde los primeros cursos de primaria pueden detectarse dos situaciones que conviene prevenir para mejorar la calidad de la vida en la escuela y evitar problemas posteriores:


La de los niños que son rechazados por los compañeros y la de los niños aislados. Ambos suelen carecer, y necesitan por tanto aprender, de habilidades para hacerse amigos. Existen, sin embargo, entre ellos importantes diferencias que conviene tener en cuenta.


La conducta de los niños rechazados suele ser muy visible y a veces disruptiva tanto para el profesor como para los compañeros; y surge a menudo por la fuerte necesidad que estos niños tienen de llamar la atención, por la ansiedad hacia las oportunidades de protagonismo que tienen sus compañeros, no saber conseguir esta atención de forma positiva, y la tendencia a conseguirla creando problemas (molestando, agrediendo, saltándose las normas, interrumpiendo...). 


Para ayudarle a salir de esta situación es preciso proporcionar al niño que se encuentra en ella oportunidades positivas para conseguir la atención de los demás, ayudándole a diferenciarla de la que obtiene cuando crea problemas y a no necesitar esta última.



El niño aislado se caracteriza por no ser aceptado ni rechazado, sino ignorado por sus compañeros, entre los que pasa desapercibido. Está como fuera de lugar, al margen de lo que hacen sus compañeros, a los que parece evitar. Suele manifestar miedo y ansiedad al permanecer inmóvil, en silencio, mover los pies con nerviosismo y evitar el contacto con sus iguales. Estas conductas son similares a las de cualquier niño de tres a cinco años que lleva poco tiempo en una escuela infantil, y reflejan el miedo que le produce una situación nueva a la que va adaptándose gradualmente. Por eso, sólo pueden considerarse como señal de aislamiento cuando el niño lleva con el mismo grupo cierto tiempo (más de tres meses como mínimo). 


Para ayudar a superarlo conviene darle confianza, promover activamente que comience a relacionarse con otros niños y manifestar reconocimiento cuando lo haga. Al principio puede resultar necesario reducir la dificultad de la situación para incrementar su seguridad, favoreciendo que comience a jugar con otro niño más pequeño o promoviendo activamente su participación en el juego.


Revisión bibliográfica realizada por:
Psic. Paula Cueva
Psicóloga Clínica
Escrito extraído de:
Fuente: Díaz M., . (2006). El acoso escolar y la prevención de la violencia desde la familia. Madrid: Dirección General de Familia, Comunidad de Madrid.


Escrito por: Psic. Paula Cueva

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