La escucha activa


La escucha activa es una competencia básica del buen comunicador que hay que reforzar y potenciar como elemento clave de una buena comunicación. Escuchar con atención, comprensión y cuidado, tener en cuenta sus emociones y sentimientos, comprendiendo cómo ven los otros las cosas y qué importancia les dan. Escuchar activamente es empatizar con la otra persona, meternos en su pellejo, hacernos cargo del impacto de un problema, escuchar sus sentimientos.
No ser escuchado resulta muy doloroso para la persona, ya que dificulta también que sea comprendida. Por el contrario, escuchar significa asimilar la información y la afirmación del otro, entender cómo está viviendo las situaciones, tomarle en serio, aceptarle. De ahí su importancia. Ser escuchado define claramente la diferencia entre sentirse aceptado y sentirse aislado.


En general, nos cuesta tanto escuchar porque no siempre estamos de humor para escuchar, no estamos de acuerdo con lo que dice y rápidamente vamos a rebatirle, la otra persona no nos dice las cosas de manera respetuosa y nos negamos a escuchar mientras que no modifique sus formas, nuestros intereses, preocupaciones y deseos, nuestra biografía se interpone y nos deja escuchar, por nociones preconcebidas, por nuestra reactividad emocional, etc.
Un planteamiento general para la adquisición y práctica de la escucha activa pasa por el desarrollo de tres elementos, prestar atención, apreciar el punto de vista de la otra persona y afirmar tu comprensión. Son cinco las técnicas de la escucha activa: mostrar interés, clarificar, parafrasear, reflejar y resumir. En concreto:


• Mostrar interés: su objetivo principal es conseguir que la otra persona hable, después de percibir que estamos realmente interesados en lo que nos transmite. Utilizar palabras neutrales que no impliquen una valoración y que nuestro lenguaje no verbal, nuestros gestos acompañen a nuestras palabras.


• Clarificar: su objetivo es aclarar lo dicho, pedir más información, ayudar a ver otros puntos de vista.


• Parafrasear: su objetivo es demostrar que comprendemos lo que nos ha dicho, validar el significado de lo que nos ha dicho la otra parte. Se demuestra repitiendo las ideas, sentimientos y hechos básicos que nos ha transmitido nuestro interlocutor.


• Reflejar: su objetivo principal es mostrar a nuestro interlocutor que se entienden y comprenden sus emociones y sentimientos. Es una “escucha emocional”.


• Resumir: su objetivo principal es revisar el progreso de la comunicación, juntar hechos e ideas importantes y compartirlos con la otra parte.


Por lo general, no hemos sido educados en la práctica de la escucha activa, de ahí las dificultades que experimentamos en nuestra comunicación con los familiares, compañeros/as de trabajo, vecinos/as y amigos/as, etc.; sin embargo, es algo que podemos superar y mejorar, ejercitándonos habitualmente en estas técnicas, practicándolas habitualmente en nuestra comunicación, identificando los principales errores y dificultades que solemos tener, poniendo empeño en la mejora diaria de nuestra comunicación.


Revisión bibliográfica realizada por:
Psic. Paula Cueva
Psicóloga Clínica
Fuente: Sánchez García-Arista, M. L., y Uruñuela, P.(2012) Orientaciones para afrontar los conflictos y dificultades familiares. CEAPA, MADRID




Escrito por: Psic. Paula Cueva

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