Como hablar con los niños sobre la muerte: Cuatro conceptos claves N 3


3. Todas las funciones vitales terminan completamente en el momento de la muerte. Cuando morimos el cuerpo ya no funciona


Este hecho hace referencia a que, cuando una persona muere, su cuerpo deja LITERALMENTE de funcionar: no respira, no se mueve, no le late el corazón y deja a su vez de sentir, de ver, de oír y de pensar.


Este hecho, que a los adultos nos resulta meridianamente comprensible, no lo es para el niño por dos razones muy concretas: su propia limitación cognitiva y emocional, y en algunos casos, la explicación que le brinda el adulto.


- La propia limitación cognitiva del niño: A los niños pequeños les cuesta comprender el significado del fin de las funciones vitales, por lo que piensan que la persona que fallece sigue sintiendo y experimentando cosas ,como si en realidad estuviera dormida. Así, algunos niños nos sorprenden de pronto preguntando cosas como éstas: ¿Cómo va a ver el abuelo si no se ha llevado sus gafas? ¿Le gustará la comida del cielo? ¿Tienen allí televisión?
Es posible que les hayamos dicho que la persona ya no puede moverse cuando se muere, pero también se ha comprobado que, cuando son muy pequeños, piensan que esto se debe a que el ataúd es muy pequeño o porque están muy dormidos. También es posible que “sepan” que el fallecido no puede ver, pero crean que se debe a que está muy oscuro. Es muy común que los niños se preocupen por lo que pueda estar sintiendo la persona fallecida.


- La explicación que le ofrece el adulto: Por otro lado, somos a veces los propios adultos los que alimentamos este tipo de pensamientos sin darnos cuenta de que el niño no los interpretará como algo metafórico, sino de manera absolutamente literal. Por tanto, decirle a un niño que “su mamá le sigue queriendo y que todos los días le manda muchos besitos desde el cielo”, sin haber pasado primero por la explicación sobre el carácter universal, irreversible y definitivo de la muerte, puede crearle tal confusión que, en vez de “suavizar” su dolor -que de hecho es nuestra intención- estemos provocando una mayor confusión ypor tanto un mayor sufrimiento. La razón es que para él esto que le decimos es VERDAD y, si es verdad, piensa: “¿Por qué no vuelve mamá si tanto me quiere? ¿Por qué no siento sus besos? ¿Va a volver si me porto muy bien? ¿Por qué tengo ahora tanto miedo a que esté y yo no la vea?”, etc.


Así pues, decirle al niño que las flores que hemos puesto en el cementerio le van a gustar mucho a la abuelita, o que papá siempre está viendo lo que hace y nunca se va a separar de él, complica la comprensión del significado de la muerte en el niño, confirmando su teoría de que, una vez que se muere, todavía se sigue estando vivo. Y con esto no nos referimos a “seguir vivo en nuestro corazón”, sino a estar vivo de forma real.


Muchos niños experimentan una profunda sensación de miedo cuando alguien muere. Algunos no saben por qué, pero necesitan dormir durante una temporada con la luz encendida o acompañados de un adulto. Este hecho puede deberse a muchas razones, pero la posibilidad de que la persona siga viva de alguna forma, en algún lugar, y que además les pueda ver y ellos no, les resulta cuanto menos aterrador.


Al niño debe quedarle claro que la persona que muere ya no va a volver más y que su cuerpo ha dejado de sentir, pensar o ver lo que nosotros hacemos, porque sólo las personas que están vivas pueden ver, sentir y hablar. Debemos partir de esta premisa fundamental sobre lo que implica la muerte de final del funcionamiento del cuerpo y los sentidos para poder ayudar al niño a elaborar adecuadamente su despedida.


Después podremos hablarle de nuestros sentimientos y de que siempre nos acordaremos de ella, porque siempre estará en nuestro recuerdo y en nuestro corazón. Es ahí, en el mundo emocional, en el mundo de los recuerdos, donde la persona permanecerá viva para nosotros, donde la recordaremos riendo, cantando, contando historias, enseñándonos lo que ahora sabemos, haciendo las cosas que le gustaban, etc.


Cuando las personas morimos, empezamos a vivir en el recuerdo de los que nos han querido, y así es como tenemos que hacérselo entender a los niños:


- “Papá, si mamá ya no me ve y yo tampoco a ella, ¿mamá no es nada, no existe?”
- “No, hijo, mamá es muchas cosas, es todos los recuerdos que tenemos de ella, es todo lo que hemos compartido y todo lo que nos ha querido y enseñado. En mis recuerdos la veo viva, como siempre”.
- “Pero ella no está viva, se ha muerto, su cuerpo ya no está y ella tampoco”.
- “No, no está viva, pero está en todos los recuerdos que tengo de ella. A mí me ayuda pensar que está en mi corazón”.
- “Ella me cantaba antes de dormir”.
- “Sí, a eso me refiero, hijo, ese es un recuerdo de mamá que puedes tener siempre contigo”.


Revisión bibliográfica realizada por:
Psic. Paula Cueva
Psicóloga Clínica
Fuente: Cid Egea L., (2011), Explícame que ha pasado, una guía para ayudar a los adultos a hablar de la muertes y el duelo con los niños, Fundación Mario Losantos del Campo (FMLC), España.


Escrito por: Psic. Paula Cueva

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(M) Nutrióloga Thabata Amezcua Sandoval a sus órdenes.

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