Como hablar con los niños sobre la muerte: Cuatro conceptos claves N1


Todos los niños y adolescentes deben comprender cuatro conceptos clave sobre la muerte, para poder construir un significado de lo que ésta representa y poder afrontar su dolor y elaborar lo sucedido (el duelo) de la forma menos confusa posible.


Los adolescentes y adultos ya tienen una construcción completa de lo que significa la muerte, lo que no altera el hecho de que, cuando la pérdida es cercana, asumir y aceptar lo que ya sabemos sea un proceso tremendamente costoso.


A los niños pequeños (más o menos hasta los 8 ó 9 años) les puede resultar aún más duro el proceso de asimilación y asunción de la pérdida porque, al no entender por completo lo que la muerte significa, sus temores, sus fantasías y su propio mundo emocional campan a sus anchas, angustiando al niño y pudiendo complicar su proceso de duelo, si no hay un adulto que le ayude y le clarifique.


Aunque ahora hagamos un recorrido sobre lo que el niño puede conocer y comprender sobre la muerte en cada etapa evolutiva, es importante que no nos guiemos únicamente por la edad del niño para dar la explicación que consideremos. Lo fundamental es preguntarles, que ellos expliquen, que cuenten lo que piensan y entienden de la muerte, para que así nosotros podamos saber lo que aún necesitan aprender y asimilar a nivel emocional.


Por otra parte, es importante tener en cuenta que entender lo que significa la muerte no sólo es una cuestión racional, sino que la emoción también tiene un importante papel. Nosotros podemos explicar a los niños lo que la muerte significa con toda su veracidad y,aun así, ellos pueden seguir aferrados a sus teorías o construcciones fantaseadas.


Comprender la muerte requiere de un proceso largo y emocional, porque saber no es lo mismo que asimilar lo que se sabe. Por ello, es normal que durante un tiempo sus fantasías sobre la muerte y la realidad coexistan simultáneamente. Incluso nosotros, como adultos, podemos seguir aferrados a nuestras propias creencias emocionales al tiempo que sabemos toda la verdad. Para poder entender por completo lo que significa la muerte, todos los niños deben conocer y entender algunas premisas básicas que conforman este concepto.


1. La muerte es universal: todos los seres vivos mueren


Así de rotunda es la muerte y así hay que saberlo. Sin embargo, no es difícil descubrir cómo, a pesar de que nosotros –adultos- sepamos este hecho a nivel cognitivo, a nivel emocional nos descubramos “cruzando los dedos” como quien se cuenta una mentira y sintamos, dejando a un lado la razón, que la muerte en realidad puede ser selectiva:
“Yo siempre estaré con las personas que quiero”, “Las desgracias y la muerte le suceden a los demás, a mí no va a pasarme, o me ocurrirá en un futuro muy lejano”, etc.
De esta forma y, a causa de nuestras propias defensas emocionales, responder a las preguntas que se hacen los niños sobre si la muerte es para todos o sólo para algunos, puede resultarnos complicado:


- “Papá, ¿y los animales también mueren?”
- “Sí hijo, los animales también se mueren. Todas las cosas que están vivas algún día se mueren”.
- “¿Y tú también? Yo no quiero que te mueras, ¿tú no, verdad? Y yo que soy pequeñito, tampoco”.


El niño pregunta motivado por su curiosidad y una cierta sensación de angustia sobre la universalidad de la muerte: “¿Todos quiere decir TODOS de verdad, incluso mis papás, incluso yo mismo?”.


Responder a cuestiones como éstas nos coloca a los adultos en una situación sumamente comprometedora. En una sola pregunta se pone de pronto en juego todo un sinfín de sentimientos que van desde la angustia del niño y su necesidad de negar lo que “intuye”, hasta nuestras propias ansiedades y defensas sobre la propia muerte y la posibilidad de ver angustiados a nuestros hijos.


Nadie quiere ser el “culpable” de dar este tipo de noticias, así que, aunque nos hayamos instruido y queramos ser honestos para no “confundir” al niño, la angustia nos acorrala tanto que, a veces, nos vemos teniendo que dar marcha atrás en nuestro empeño por decir la verdad y tratando de usar argumentos en los que nosotros también necesitamos creer:


- “Bueno, hijo, no te preocupes que eso no va a ocurrir”.
- “Ahora no pienses en eso, todavía eres muy pequeño y yo, muy joven”.


¿Qué debemos decirles a nuestros hijos si incluso a nosotros mismos nos cuesta y nos angustia asumir este hecho?


La respuesta a esta pregunta se basa principalmente en el hecho de que nuestros hijos y alumnos deben conocer la verdad, pero que ésta puede decirse de forma GRADUAL Y SEGÚN LO QUE EL NIÑO PUEDA O NO ASIMILAR EN EL MOMENTO EVOLUTIVO EN EL QUE SE ENCUENTRE.


Lo que sí es importante dejar claro es que jamás debemos decir algo que sea falso, porque negar no es más que alejar a los niños de su capacidad para desarrollar recursos y avanzar en su crecimiento. Así pues, si el niño pregunta “si su mamá se va a morir”, será igual de dañino contestar un sí o un no rotundo:


- Responder que “su mamá jamás se morirá” es alimentar una negación que en un inicio parece consolar al niño (y a nosotros mismos) pero que, en realidad, es insostenible. Los niños intuyen que lo que les decimos no es del todo verdad, notan nuestra angustia, nuestro miedo y lo que suelen hacer es buscar otras fuentes de información donde poder refutar nuestra respuesta, porque ésta no les convence. El problema es que las informaciones que adquieran pueden ser todavía menos fiables o incluso más terroríficas, como las que elabora su propia fantasía al son de su mundo cognitivo en construcción y de sus conflictos emocionales por resolver: “Mi mamá nunca va a morir, porque yo voy a ser siempre un niño muy bueno”.


- Por el contrario, responder con un “sí” rotundo puede llevar al niño a un estado de mucha angustia, porque es posible que todavía no disponga de las defensas necesarias para sobreponerse a tal verdad. La muerte es un concepto que se va digiriendo poco a poco y que requiere de ciertas defensas para “sobrellevarlo”, pero en ningún caso debe explicarse con mentiras.


Como adultos, nosotros podemos ir dando esta información, siempre veraz, en pequeñas dosis asumibles. El niño que pregunta si su mamá se va a morir, lo hace fundamentalmente por la angustia que le genera quedarse solo. En realidad está preguntando: ¿Quién me va a cuidar? ¿Qué me va a pasar si me quedo solo? ¿Cómo voy a sobrevivir? Entonces podemos recoger su angustia y decirle “que su mamá va a cuidarle y a estar a su lado siempre que pueda y que, aunque es verdad que todos los seres vivos se mueren, él puede estar seguro de que le van a cuidar y a querer”.


Quizá sea necesario “postergar” un poco la realidad de la muerte y transmitirle que eso sucederá cuando él ya sea mayor y su mamá muy, muy, muy viejecita, aunque sepamos que eso puede no ser verdad. Utilizar el término “muy” muchas veces hace que el niño pueda diferenciar entre ser mayor (que ya lo es su mamá para él) y ser anciano.


Se trata de dar una respuesta asumible emocional y cognitivamente para el niño. Todo en él -sus defensas, la construcción de significados, sus recursos- está en construcción, por lo que va a ser igual de importante no provocar “atragantamientos” innecesarios como mentiras que, queriendo ser “piadosas”, no ayudan a su maduración y crecimiento.


Revisión bibliográfica realizada por:
Psic. Paula Cueva
Psicóloga Clínica
Fuente: Cid Egea L., (2011), Explícame que ha pasado, una guía para ayudar a los adultos a hablar de la muertes y el duelo con los niños, Fundación Mario Losantos del Campo (FMLC), España.


Escrito por: Psic. Paula Cueva

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(FC) Dra. Janet Monserrat Rubio Rodríguez a sus órdenes.

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